Lucano, escritor latino, decía que la virtud y el poder no se hermanan bien. Aconsejaba a todo al que quisiera ser justo alejarse de los palacios. Tal vez, porque en su vida adulta el poder y la virtud que conoció fue los de Nerón. Sabemos que este emperador tuvo poder, pero virtud, ninguna.

El poder de cambiar las cosas reside en los palacios. Así que estamos obligados a pedir que la virtud de la justicia también encuentre posada allí. La sociedad observa que no se rinde cuentas y no se pagan culpas. El silencio, en una situación así, parece complicidad.

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