El personalismo político es hidra de múltiples cabezas imposibles de cortar. La historia criolla recoge el inventario de infortunios que acarrea. La falta de institucionalidad hace de los presidentes monarcas sin corona.

El poder casi omnímodo que el ropaje democrático actual disimula se mantiene como en los viejos tiempos.

La costumbre de nombrar organismos o incluso algún poder del Estado, en un sentido de posesión personal del mandatario, expresa ese personalismo.

La guardia de Mon, como la justicia de Leonel, son prolongaciones de sus individualidades. Danilo dijo en campaña que necesitaba “su Congreso”.

¿Lo usará con fines colectivos o personales?      

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