La historia bíblica cuenta cómo Jacob compró la primogenitura de Esaú por un plato de lentejas. El estómago decidió sobre la responsabilidad más importante en una sociedad patriarcal.

Rafael Acevedo sostiene que todos de alguna manera somos unos herederos hambrientos con la conciencia en las tripas.

La universidad de Vanderbilt en un estudio realizado hace cinco años  determinó que casi una cuarta parte de los votantes vendió su voto.

En una democracia la primogenitura es la libertad para decidir. Estos Esaú modernos prefieren la inconsciente esclavitud del que no decide. Lo increíble es que son los inconformes con el sistema.

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