La corrupción hispánica tiene un campeón indiscutible en Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma y poderoso valido –jefe de gabinete– del monarca Felipe III.

La especulación inmobiliaria más osada le valió el título: trasladó la corte de Madrid a Valladolid, donde tenía propiedades. La operación le dejó millones. Para salvarse de la justicia consiguió ser nombrado cardenal.

De ahí la copla: “Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado”. Lula da Silva, acusado de corrupción, utiliza un recurso similar. Las favelas cantarán: “Para escapar del juez Moro, se sumó Lula al corro” –gubernamental.

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