La Cámara de Diputados aprobó sin modificación importante la Ley General de Presupuesto.

Nadie se sorprende, porque desde hace tiempo nuestros legisladores se degradaron a la condición de sello gomígrafo del Ejecutivo.

La función de contrapeso, que debería controlar, empuja al descontrol. Las partidas que debieron recortarse o suprimirse son muchas.

En este país del medio talle nadie cree que ese presupuesto sea una bien tallada obra maestra. Los chivos se ven a leguas. El peso de las prioridades están donde se ponen los pesos del erario.

Una barbaridad: darle miles de millones de pesos a la muy desacreditada OISOE.

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