Nuestra capacidad de olvido es proverbial, pero no están lejanos los tiempos en los que la cancillería era botín electoral. La bandera  reformista fue izada en el mástil de la nave ministerial.

Leonel la cedió como pago por servicios prestados. Los piratas rojos la tomaron por asalto. Lo que sucedió fue un mayúsculo desastre.

Navarro tiró por la borda los excesos para recuperar el prestigio perdido y cierto orden. Danilo la cede ahora a los piratas blancos por las mismas razones. 

Miguel Vargas llegará con su parche en el ojo para llenarla  con sus tripulantes. Dios la salve de zozobrar.              

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