La naturaleza nos supera en poder. Los fenómenos alternativos de la sequía antes, y las lluvias, ahora, lo demuestran.

La fragilidad de nuestra infraestructura quedó en evidencia. El Gobierno no gobierna el clima.

En el repertorio de soluciones las únicas opciones disponibles son la previsión y la solidaridad. La oportunidad para la previsión es escasa, porque estamos en el momento de la solidaridad.

La cuantía del daño exige tanto la solidaridad pública como la privada.

Los recursos del país deben concentrarse en restablecer la normalidad de la zona. El esfuerzo debe ser total.

La acción urgente debe ser sin poses.

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