Ante la imposibilidad, la obligación no existe, sostenían los juristas romanos. La máxima justifica la violación permanente de las leyes que ordenan asignaciones presupuestarias específicas para algunas instituciones.

Esas veintiocho leyes (¡el número es una metáfora!) indica el desatino de su aprobación.

El cumplimiento de todas absorbería las dos terceras partes del presupuesto. El Gobierno, ante esta desquiciada situación, se hace el loco.

El consultor jurídico del poder Ejecutivo, Flavio D. Espinal, hace una propuesta razonable: si no podemos cumplir, cambiémoslas.

El Gobierno, que no tiene obstáculos en el Congreso, debe pasar de la eterna justificación a una definitiva solución.

Recomendamos:

Metrónomo: Incoherencia y Acertijo

#LaVerdadVerdad: Cierta continuidad