Estamos sobrados de dirigentes, pero carentes de líderes. No es casual. Las épocas pragmáticas no son propicias para el liderazgo.

El dirigente pragmático anda con la cabeza gacha y con la vista fija en el suelo, ignorando el cielo.

Los líderes, en cambio, caminan empinados, oteando en lontananza el amanecer de una idea de futuro.

Al dirigente pragmático lo sostiene la confianza en el beneficio. Al líder, el triunfo de una idea. El dirigente se adapta a la realidad.

El líder, la moldea.El país luce deforme por las mordidas del pragmatismo.

Necesitamos verdaderos líderes para darle forma a la prosperidad.