El crimen paga entre nosotros, así que no debe extrañar que nos pegue a diario. La triunfante conducta delictiva en política, el arte o en las actividades económicas crean modelos a seguir.

La corrupción política que genera votos, el mambo violento que multiplica fanáticos o la competencia desleal que crea monopolios son expresiones de esa cultura permisiva.

La tormenta perfecta se forma cuando a todo esto se le agrega la existencia de los Ninis. Los jóvenes que ni estudian ni trabajan son el vivero de la delincuencia. La receta para conjurar el mal: un sistema de consecuencias y más oportunidades.

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