Pepe Mujica, quien recibe merecida admiración de izquierda a derecha, se sorprendió de nuestros bajos impuestos.

La declaración no pudo ser más oportuna para el Gobierno. El espaldarazo del austero político uruguayo cubre con un barniz de justicia sus afanes fiscalistas.

El viejo tupamaro califica de milagro que con tan poco dinero se haga tanto.

Imaginamos que nadie aclaró que aquí, a diferencia de Uruguay, la ínfima economía formal carga todo el peso fiscal que la abundante economía informal rehuye.

Don Pepe, en la próxima visita oficial, debe mirar los zapatos de sus anfitriones. Ninguno se parece a los suyos.

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