En la confianza está el peligro, dice el pueblo. El embajador Brewster parece sentir la suficiente confianza para comportarse más como activista LGBT que como diplomático.

En los últimos días le hemos visto desplegar su capacidad de trabajo para hacer escalar el tema de su preferencia en la palestra.

Olvidó que al anunciarse su llegada la propia embajada de su país aclaró que no venía a desarrollar su agenda como activista, sino a preocuparse por los temas bilaterales propios del cargo.

El embajador está abandonando la zona de tolerancia que el pueblo dominicano le ha concedido. No es diplomático imponerse.

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