La tumultuosa y sórdida campaña electoral de Estados Unidos finalmente llega a su fin el próximo martes con una certeza: el pueblo elegirá a un presidente que a muchos de ellos no les gustará.  

“Hay mucho acerca de esta elección que es desalentador, inquietante”, dijo la candidata demócrata Hillary Clinton a sus seguidores en Seattle. “Para mucha gente, es demasiado. Quieren darse la vuelta, y lo entiendo”.   

La campaña comenzó como una dispareja contienda entre una de las figuras políticas más experimentadas, cuidadosamente calibradas y bien conectadas del país, y un externo improvisado y sin filtro que ha alejado a muchos del Partido Republicano. La campaña termina con ambos candidatos más cerca en las encuestas de lo que mucha gente habría esperado.   

Sin embargo, los sondeos han sido consistentes en una cosa: un promedio de encuestas realizado por RealClearPolitics.com, que se remontan a casi un año, muestra que más del 50% de los estadounidenses han tenido una opinión desfavorable de Clinton, casi sin interrupción. Las cifras de Trump han sido incluso peores.   

El entusiasmo y el optimismo que acompañó la elección de Barack Obama hace ocho años está ausente; la elección potencial de la primera mujer presidente de Estados Unidos es solo una nota al pie de página de esta lucha. En cambio, la campaña se ha desviado del insulto al ultraje, del escándalo a más escándalo.   

Después de enfrentarse a una maraña de cuestionamientos financieros y de recaudación de fondos relacionadas con la institución de su marido, la Fundación Clinton; las interminables preguntas sobre el uso de Hillary Clinton de un servidor de correo electrónico privado, durante su periodo como secretaria de Estado, ha resurgido una vez más. Extraordinariamente, su regreso se produce debido a una investigación del FBI sobre los mensajes de correo electrónico de un desacreditado excongresista que envió mensajes explícitos a varias mujeres, entre ellas una niña menor de edad.   

¿Cuál es la conexión con Clinton? Un miembro del Congreso, el famoso Anthony Weiner, es el exmarido de Huma Abedin, una colaboradora cercana de Clinton.   

Por su parte, Trump ha sido acusado de estafar habitualmente a contratistas que trabajaron en sus proyectos inmobiliarios. También se ha negado a entregar sus registros de impuestos completos, alimentando así las acusaciones de que ha evitado el pago de impuestos federales durante años. Incluso se enfrentó a una grabación ahora infame de 2005, en la que se jactaba crudamente de abalanzarse sobre mujeres y quedar impune.

Pero Trump también ha traído la elección a un nuevo territorio de una manera completamente diferente. En repetidas ocasiones ha aseverado que el proceso electoral está “amañado”, y al hacerlo ha denigrado la fiabilidad de todo el sistema electoral de Estados Unidos. Incluso se ha sugerido que es posible que, si pierde, no reconozca la derrota ni se ciña a los resultados.

Cuando los líderes del Partido Republicano trataron de tranquilizar a los votantes, Trump fue tras ellos. “Por supuesto que es un fraude electoral a gran escala pasando antes y durante las elecciones”, escribió en Twitter. “¿Por qué los líderes republicanos niegan lo que está pasando? ¡Qué ingenuos!”.

Incluso durante la elección en 2000, en la que el proceso llegó a un punto muerto cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos tuvo que decidir el resultado, tanto George W. Bush como Al Gore expresaron su fe en la democracia estadounidense.

Trump ha hecho campaña con la promesa de “Make America Great Again”, pero junto con una visión alarmante del Estados Unidos de hoy. Él les dice a sus partidarios que durante el gobierno de Obama, y un potencial gobierno de Hillary Clinton, sus puestos de trabajo están siendo enviados al extranjero, su derecho a portar armas está bajo ataque y está siendo socavada su protección frente a los terroristas.
Muchos de sus partidarios dicen que le creen. Si Trump pierde la elección y describe el resultado como amañado, es posible que muchos de ellos también le crean.

Así que después de toda la retórica sorprendente que hemos oído en el transcurso de la campaña, potencialmente el discurso más importante de la elección podría venir después de que esta haya terminado.

Si Trump pierde, pero se niega a conceder un nuevo presidente impopular, difícilmente será el único problema de Estados Unidos.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de METRO RD