El próximo domingo 26 de junio, se celebrarán en España elecciones para escoger al Presidente del Gobierno. Este es el segundo proceso electoral que se lleva a cabo en esa nación en menos de seis meses, pues ya el 20 de diciembre del pasado 2015 tuvo lugar uno.

No hay que perder de vista, que en España como forma de gobierno impera el parlamentarismo, el cual va acompañado de un sistema de elección proporcional; por lo que un partido no logra gobernar gracias a alcanzar la mayor cantidad de votos, sino más bien por obtener la mayoría absoluta de curules o escaños en el Congreso. Por esta razón, en caso de no alcanzarse esa mayoría, por mandato constitucional se debe convocar a nuevas elecciones.

Al no lograr ninguno de los candidatos a la jefatura del gobierno español obtener en los pasados comicios la mayoría absoluta –176 de 350 escaños del parlamento– necesaria para gobernar, y ante la imposibilidad de llegarse a la formación de una coalición que permitiera la formación de gobierno, se ha tenido que llamar a nuevos comicios. Pero los últimos sondeos pronostican que nuevamente le será imposible a cualquier partido obtener la mayoría absoluta.

Estas elecciones se desarrollan en una España aun rezagada por una terrible crisis económica, que ha generado que el país padezca, entre otras cosas, una tasa de desempleo ascendente al 22 %, llegando a superar el 50 % en el sector joven. Convirtiéndose con esto, en el segundo país con más paro de toda la Unión Europea, solo superado por Grecia con 24,1 %.

Además del sobrio contexto económico, lo más llamativo de este proceso electoral es que al mismo no solo concurren, con posibilidad de éxito, los partidos tradicionales, dígase Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP), sino también dos nuevas organizaciones, que representan la amenaza al hegemónico bipartidismo español: Podemos y Ciudadanos.

Tanto Podemos como Ciudadanos, son producto del descontento de la sociedad con las entidades políticas que han gobernado España en los últimos cuarenta años.

El deterioro en la economía, acompañado de un erróneo plan de respuesta, así como los alarmantes escándalos de corrupción, han generado una crisis de representación en el sistema político español. Esa crisis  entró en su punto más álgido con las manifestaciones que tuvieron lugar en la madrileña Puerta del Sol, el 15 de mayo de 2011.

Las manifestaciones del llamado movimiento del 15 M, encabezadas por los autodenominados indignados, fueron el terrero fértil para que pronto naciera una entidad política de izquierda, como Podemos, que criticara con contundencia las medidas de carácter económico que por recomendación de la Unión Europea venían implementándose en España desde 2010.

Podemos es el producto político de las manifestaciones del 15 M, las cuales fueron encabezadas por jóvenes, razón por la cual no es coincidencia que la  alta dirigencia de Podemos, empezando por su líder Pablo Iglesias, esté encabezada por jóvenes.

Pero, no fue hasta mayo de 2014, luego de las elecciones al parlamento europeo, cuando Podemos comenzó a ser visto por los partidos tradicionales como una amenaza a su hegemonía, muy especialmente por el PSOE, entidad que a partir de entonces entendió que ya tendría un contendor, que podría arrebatarle la bandera de la izquierdismo democrático español. De hecho, las últimas encuestas, vertidas el paso lunes, pronostican que Podemos desplazaría al PSOE al tercer puesto en el número de escaños en el Congreso de los Diputados, lo que le otorga a la organización de Pablo Iglesias altas posibilidades de lograr formar gobierno a través de un pacto con el PSOE. Esto siempre y cuando, el PP, como previsiblemente fuerza más votada, no logre formar gobierno.

Pero no solo el PSOE cuenta con una amenaza a su tradicional liderazgo, sino que, por igual, el centroderechista PP tiene la suya, representada en Ciudadanos, organización que da muestra de una clara tendencia hacia la centro-derecha.

En un primer momento, Ciudadanos surgió como un partido cuyo único radio de acción lo era la comunidad autónoma de Cataluña, donde encabeza un discurso contrario al independentismo que propician partidos nacionalistas catalanes como Convergencia Democrática, y Esquerra Republicana. Pero en los últimos tres años, de la mano de su carismático y joven líder Albert Rivera, Ciudadanos pasó de ser un  partido regionalista a ser una fuerza de primer orden en todo el territorio español.

Para estas elecciones, el Partido Popular, en el poder desde 2011, postula nuevamente al actual presidente del gobierno Mariano Rajoy. En las elecciones del 20 de diciembre, el PP obtuvo 123 escaños, no logrando así la cantidad requerida para gobernar, 176, contrario a 2011, cuando se alzó con la mayoría absoluta.

En esta ocasión, el gran obstáculo del PP para alcanzar la mayoría absoluta viene dado por la impopularidad con la que carga, generada por la política de recortes económicos llevados a cabo en sectores fundamentales del Estado de Bienestar español como la sanidad, la seguridad social y la educación. De igual manera, los constantes escándalos de corrupción que vinculan a altos dirigentes del PP han influido para que el partido haya perdido la confianza de decena de miles de españoles.

Por su parte, el PSOE presenta como candidato a la presidencia a su actual secretario general, Pedro Sánchez, un joven economista, que desde 2014 ha tratado de sacar al PSOE del rezago electoral que viene sufriendo desde que en 2011 el último presidente socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, iniciara la implementación de la polémica política de ajuste económico dictada por la Unión Europea.

Hasta 2010, el PSOE fue visto en España como la organización política defensora e impulsora de los derechos sociales y económicos. Pero esto cambiaría, poco después de que en su último gobierno ejecutara políticas encaminadas a favorecer la estabilidad financiera, lo que implicó reducir el gasto en lo social. Un claro ejemplo de esto lo constituye la introducción en la Constitución del Principio de Estabilidad Presupuestaria, con el cual las autoridades españolas se comprometen a dar prioridad al pago de los intereses generados por la deuda pública antes que a cualquier inversión en el campo social.

Es por lo señalado anteriormente, que Podemos, con un discurso crítico a la política de recortes en el gasto público iniciada en el gobierno socialista, ha logrado captar la simpatía de todos aquellos españoles que históricamente veían al PSOE como el partido de izquierda garante de los derechos de la clase trabajadora.

En los comicios del próximo domingo solo hay dos pronósticos que ya se pueden dar por hechos: ningún candidato obtendrá la mayoría requerida para poder gobernar, y se confirmará que el PP y el PSOE ya no dominan en solitario el escenario político.

En caso de no lograse formar gobierno, por mandato constitucional tendrían que convocarse nuevas elecciones, que serían las terceras a celebrarse en España en menos de un año. Esto no solo supondría poner en juego la gobernabilidad en España, sino también que nos hará a muchos reflexionar sobre la efectividad del sistema parlamentario como forma de gobierno.

El surgimiento de nuevas fuerzas políticas en España, es la clara confirmación de que la crisis económica no solo ha castigado al ciudadano español, sino que desde el punto de vista electoral lo ha hecho también con los tradicionales partidos gobernantes. Toda vez, que la sociedad ve la debacle económica representada en estos.