Tocqueville menciona “los privilegios que atraen las miradas”. En sociedades como la nuestra, si esos privilegios son producto del esfuerzo y el trabajo, el que quiera esos privilegios tendrá que emular ese camino. El problema viene cuando esos privilegios son el resultado de crimen organizado, corrupción, enriquecimiento ilícito o abuso de poder, que entonces, nuestros niños y jóvenes deslumbrados por lo que se muestra en el empaque de esos privilegios que atraen miradas, se ven dispuestos a que su modelo a seguir sean esos anti valores porque además la sociedad los premia.

Necesitamos una sociedad de derechos, no de privilegios, con acceso a oportunidades básicas de crecimiento, desarrollo y búsqueda de la felicidad individual y colectiva. Hay privilegios que están negando derechos a los dominicanos, porque no vienen por el trabajo o el esfuerzo sino por desangrar el patrimonio colectivo, el erario público, en detrimento de los más pobres

. No es posible vivir seguros con esta desigualdad social que atrae miradas y crea resentimientos.Si no se empiezan a aplicar los regímenes sancionadores contra los que saquean el Estado Dominicano no habrá seguridad ciudadana efectiva ni posible. Son modelos de corrupción establecidos que de arriba trascienden y marcan la delincuencia común hacia abajo.

Como sociedad tenemos el enorme reto de reivindicar el trabajo honesto frente a los nuevos modelos de éxito que se nos implantan, modelos construidos sobre la deshonestidad.

La reforma real en materia de seguridad ciudadana será efectiva cuando se apliquen sin miramientos y concesiones los regímenes sancionadores, que todo el que saquea el erario público pague las consecuencias de Ley, dando un ejemplo en el liderazgo que trascienda en el comportamiento social de nuestros ciudadanos y ciudadanas.

Existe una línea directa entre la corrupción del gobierno y el delito común. Es imperativa la reestructuración de la administración del Estado, la reducción de la nómina pública y especialmente la ejemplificación y construcción de un modelo de éxito basado en valores como la honestidad y el rescate de la ética, aplicando las sanciones correspondientes a los funcionarios públicos que violen las leyes y atenten contra el patrimonio colectivo.

Sin lo anterior, ningún plan de seguridad ciudadana será efectivo a largo plazo y seguirá el Estado dominicano repitiendo como hasta ahora los planes represivos de seguridad, no aquellos que nos llevan a la construcción de una verdadera cultura de paz y reducción de la delincuencia común. Como dice un viejo argot popular: “lo que es arriba, es abajo”.