El lenguaje es un reflejo de la realidad. Las palabras que usamos son una especie de mapas del territorio mental de una época. El predominio de la palabra pacto indica que estamos en una época que necesita del consenso. Los problemas son de tal magnitud que no pueden ser encarados sin acuerdos de amplia base.

La democracia, por definición, es el régimen de toma de decisiones participativas donde el triunfo de la mayoría se consolida a través de la inclusión de las ideas e intereses de la minoría. La gobernabilidad en los asuntos públicos siempre se obtiene mediante la construcción de ideas comunes en las que los más variados grupos se ven reflejados.

El sistema de decisiones por consenso requiere de la exposición y el debate continuo para lograr el objetivo de una decisión grupal. Esa es la razón de que no pueda llamársele consenso a las decisiones públicas tomadas por técnicos sin la participación de todos los componentes sociales.

Las ideas complejas requieren del pulido de la contradicción para limar las aristas que dificultan su aceptación general. En la democracia nunca es buena idea la sorpresa. El mejor plan, presentado de manera súbita, puede convertirse en el peor; porque un buen plan mal comprendido terminará por ser no muy bien ejecutado.

El país lleva un buen tiempo escuchando sobre la buena marcha del proceso de discusión del pacto eléctrico, pero hasta ahora muy pocos saben sobre los puntos tratados y mucho menos sobre los acuerdos alcanzados. El argumento es que la materia es muy técnica y de difícil comprensión para el público general.

El argumento para discutir en secreto es precisamente el mejor argumento para justificar la comunicación transparente y total de todo lo que se discute. El pueblo necesita comenzar a rumiar los detalles de un cambio tan importante. El mejor aliado para la comprensión es el tiempo.

Las discusiones sobre el pacto eléctrico pueden ir de paños y manteles, pero carecen de la importante variable de la discusión pública. Los grupos involucrados en la negociación deberían nombrar voceros que puedan llenar los espacios en blanco del proceso de cara a la sociedad, porque el debate enriquece.