El presidente Danilo Medina, en su participación en la Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias, destacó la necesidad de contribuir para que los millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan no se conviertan en una generación perdida.

El problema de los Nini es sin lugar a dudas el mayor desafío para un desarrollo sostenible. En un estudio realizado por el Banco Mundial se identifican tres razones por las que es importante prestar atención a este problema social: por su contribución a la reproducción de la desigualdad social, por su vinculación a la violencia criminal y por impedir el aprovechamiento del bono demográfico.

La desigualdad social es la tierra fértil en la crece el árbol torcido de los Nini. El fenómeno nini solo afecta a seis de cada cien jóvenes de las clases superiores, mientras que en las clases media y baja impacta a treintaitrés y sesentaiuno de cada cien, respectivamente. Las diferencias educativas se traducen en desigualdades sociales y económicas.

La criminalidad y la violencia es un fenómeno estrechamente vinculado a la falta de oportunidades y a la baja educación. Los jóvenes que tienen la necesidad de trabajar y no consiguen colocaciones se convierten en la mano de obra ideal para el crimen organizado. La participación de jóvenes en todas las actividades delictivas es mayoritaria y creciente.

La poesía y también la economía celebran a la juventud como un tesoro divino. Los jóvenes en el circuito escolar son los llamados a suplir el trabajo que reclama la dinámica económica. Las generaciones anteriores son desplazadas por la edad o los cambios tecnológicos y los jóvenes tienen que entrar a producir para sostener la carga social del retiro de sus mayores. El desperdicio de este bono demográfico representa incertidumbre para nuestro futuro.

La economía dominicana no está produciendo empleos suficientes y el sistema educativo no se encuentra alineado con las necesidades del mercado laboral.

El deseo expresado por el presidente Danilo Medina de cambiar a los Nini por “Sísí” necesitará de políticas públicas bien pensadas y mejor ejecutadas.

El presupuesto debería reflejar esa preocupación: ¿Cuántos recursos destinaremos a los esfuerzos para reinsertar a los jóvenes en la escuela y el trabajo?