El Banco Central prohibió el pago exclusivo en moneda extranjera en las terminales de puntos de ventas colocadas en los establecimientos comerciales del país. La medida impactará las actividades del sector turístico. La posibilidad de realizar las transacciones en la moneda de origen del turista hace más flexibles y simples las operaciones.

El objetivo buscado por la institución monetaria es reducir las presiones sobre el mercado cambiario de divisas. La decisión es una respuesta a las dificultades que en los últimos tiempos están teniendo los sectores productivos para conseguir las divisas necesarias para pagar bienes y servicios a sus proveedores internacionales.

En nuestro país, por las lecciones aprendidas en experiencias pasadas, el mercado de divisas operaba con una libertad solo restringida por las intervenciones esporádicas de la autoridad monetaria para mantener la tasa de cambio establecida como deseable.

El mecanismo de inyección de dólares, que en el pasado siempre resultó eficiente para lograr el regreso inmediato a la estabilidad en el mercado de divisas, parece ahora insuficiente. Las reservas internacionales son las más altas de la historia, pero los factores combinados para producir la inestabilidad superan las posibilidades controlarla mediante el uso de esa reserva.

El origen de esa inestabilidad se encuentra en la presión de los elevados compromisos externos con la construcción de las plantas a carbón, el pago de la deuda y la amplitud del déficit fiscal. La solución racional al problema de divisas debería responder a la lógica del mercado.

La tasa de cambio es el precio de nuestra moneda en relación con otra. Los precios, en una economía de mercado libre se establecen por el libre juego de la oferta y la demanda. La mayor demanda de divisas las encarece. La idea de una tasa de cambio fija como un símbolo de éxito económico no acepta este principio económico.

La solución alternativa al mercado es un ensayo peligroso que podría regresarnos a la senda de las nefastas medidas de control cambiario. La solución no es controlar el mercado, sino disciplinar al Gobierno en su política de endeudamiento, déficits y necesidad de dólares.