El endeudamiento externo o interno para proyectos de interés colectivo es una herramienta de política económica necesaria para cualquier gobierno.

La diferencia entre una buena deuda y una mala deuda es de grado. La capacidad de pago de los países y el retorno producido por la inversión de los montos adeudados determinan la calidad de la deuda.

La discusión teórica sobre cuál es el límite aceptado para una deuda sana todavía sigue en las academias y en los ensayos publicados sobre el tema.

La pertenencia a una u otra escuela económica definirá la posición adversa o favorable al endeudamiento. La ideología política también influye. La derecha prefiere austeridad. La izquierda favorece el endeudamiento.

El rastro del gran debate generado por el artículo de dos economistas, Carmen Reinhart y kenneth Rogoff, todavía se nota al googlear sobre el tema.

En el artículo académico titulado el Crecimiento en una época de deuda los dos economistas plantearon que una deuda ascendente al noventa por ciento del PIB afectaba el crecimiento.

Los economistas contrarios a esta conclusión defendieron el punto de vista contrario aduciendo errores matemáticos en las hojas de cálculo utilizadas en la investigación.

El debate, como pasa con los intercambios ideológicos, no llegó a una conclusión sobre el tema, porque ambas posiciones tenían defensas de peso.

Lo que no hizo la teoría, sí lo hizo la realidad: encontrar una conclusión. La experiencia de las economías periféricas de Europa demostró el desastroso resultado de una deuda mal manejada. Grecia quedó como el ejemplo de manual.

Nuestro país lleva varios lustros haciendo depender el crecimiento del financiamiento externo e interno. Los organismos financieros internacionales , los empresarios y algunos economistas locales advierten sobre el excesivo endeudamiento.

El presidente del Conep, Rafael Blanco Canto, afirmó que el país no resiste más deuda. Los compromisos de pago que genera una deuda de más de treinta mil millones de dólares demuestran que tiene toda la razón.