El PRM tiene que evitar el código genético de la anarquía que acabó con su matriz el partido blanco. Se supone que esta nueva formación nació, como su nombre lo indica, para ser una formación moderna. La modernidad debe empezar con la disciplina interna del respeto a sus estatutos. La selección de candidaturas es su principal reto. Este proceso es una prueba de fuego más difícil que la convención para decidir la figura presidencial.

Hasta ahora, todo parece ir en calma y con disciplina. El pero, que nunca falta, lo pone la proclamación anticipada de Fello Suberví y la aspiración del exgeneral Rafael Percival Peña. La amenaza de acudir a la justicia electoral si sus aspiraciones no son complacidas es un ruido menor, pero ruido al fin. Los estatutos son claros. Se supone que todo el que milita los acepta. Si quieren detener a tiempo la inclinación a la desobediencia tienen que disciplinar a los hombres revolvedores.