El desaliento
Las batallas se pierden irremediablemente cuando uno se rinde.

La verdadera derrota es siempre el desaliento. Francisco Domínguez Brito tira la toalla al decir que no vale la pena apelar la decisión ante el pleno de la Suprema Corte de Justicia. Se equivoca.

Vale la pena, aunque todos sepamos cuál será el resultado final.

El gesto serviría para diferenciar a los jueces de los soldados. Los soldados no están ahí para hacer justicia, sino para impedirla. La calidad de su trabajo se mide por la cantidad de impunidad que pueden garantizar.

El mejor aporte que puede hacer el procurador es no sucumbir al desaliento y apelar. Así sabremos quién es quién en la Suprema.


Mal ejemplo
La base de la democracia es la división de los poderes y la capacidad de chequeo y balance entre ellos. Las funciones están o deberían estar muy bien delimitadas para que el sistema trabaje.

El poder judicial debe ser capaz de funcionar como un freno para los otros dos poderes.

Ayer fuimos testigos de un mal ejemplo en materia institucional. El hecho demostró que estamos lejos de ser un Estado de derecho.

La Policía Nacional desacató una orden del poder judicial.

El Tribunal Superior Administrativo acogió el recurso de amparo sometido por un grupo de ciudadanos para proteger su derecho a la protesta.

El Poder Ejecutivo contrariando a la justicia. Mal ejemplo.