Los veedores ciegos

La idea de formar un grupo de personas con solvencia moral para garantizar la buena marcha de los procesos es excelente.

El problema, como en todo aquí, comienza con la puesta en práctica. Las comisiones de veedores, muy aplaudidas, no están cumpliendo su cometido original.

El botón de muestra es la renuncia de la mayoría de los miembros de la Comisión del INABIE. Los renunciantes alegan que “no son tomados en serio”. El INABIE tiene la responsabilidad del manejo de los procesos del desayuno y almuerzo escolar.

La falta de información mantenía a los veedores en la más absoluta ceguera. Lo peor es que el artículo 25 del decreto 183-15 opera como un candado que cierra la posibilidad de la rendición pública de cuentas.

¿Para qué sirve un veedor sin libertad de expresión? No quisieramos creer que el único beneficio que desean las autoridades sea el de la imagen.

Si todas las demás veedurías son así de inoperantes, lo más serio que se puede hacer es renunciar.

Sicariato político

Los muertos de campaña, hasta ahora, eran producto de las pasiones desbocadas. La muerte del regidor reformista y el intento de asesinato del aspirante a regidor oficialista provocan una pregunta: ¿Hay sicariato político?