Zona de peligro

Los alrededores del Palacio Nacional se han convertido en zona de peligro para todos aquellos ciudadanos que no coincidan con las políticas gubernamentales. La palabra o gesto de inconformidad más civilizado y pacífico es interpretado por las autoridades como una amenaza.

La lista de los atropellados ahí se engrosa cada día.

Uno comienza a pensar que la idea es establecer un récord mundial de abuso de poder. No hay día en que los programas mañaneros de noticias no recojan el último exceso de la Policía.

Por esas calles se golpean ciegos, obreros cañeros, controladores aéreos, enfermeras, médicos, maestros, estudiantes, combatientes constitucionalistas o simples ciudadanos. La protesta no está permitida en la casa de gobierno del pueblo dominicano.

Lejanos está el día en el que Juan Bosch decidió abrirla al pueblo para su toma de posesión. Los hijos políticos del Profesor olvidaron esa lección de democrática humildad. Lo que debería ser un espacio para la esperanza, ahora es zona de peligro.

Buen consejo

El embajador James Wally Brewster pronunció una frase que vale la pena resaltar: no existe dinero limpio de personas sucias.

Una gran verdad, pero que aquí se olvida con mucha frecuencia.

Los iguales se atraen. El embajador recomendó que las personas se junten con otras que compartan sus mismos valores. Buen consejo.