Prudencia tardía

Tomás de Aquino decía que la prudencia era el áuriga de las demás virtudes. Sin ella no hay justicia, fortaleza ni templanza.

Mariano Germán, ahora no quiere hablar a la prensa invocando la virtud de la prudencia. Pero resulta que antes habló olvidando esa virtud.

El escándalo que desató su palabra amenaza con golpearlo. De pasó, al tomar posición pública, se descarta como juez y ahora cae en la categoría de testigo y, tal vez, de imputado.

La prudencia es la virtud que nos permite ver las consecuencias de nuestros actos. Mariano, al parecer veía poco o no quería ver, lo que pasaba con la institución a su cargo.

Lo cierto es que para lo que se avecina necesitará las cuatro virtudes cardinales. Necesitará fuerza para sostenerse en contra de los vientos que amenazan con arrancarlo de raíz de una posición que parecía asegurada.

La templanza le será imprescindible para mantener la moderación en tiempos desbordados.

Por último, necesitará de la justicia, esa misma que no ha tenido el pueblo dominicano.

Mientras tanto seguirá lamentando haber olvidado la prudente máxima que indica que los jueces hablan por sentencia.

Parece que Mariano aprendió la lección que desde antiguo se escucha: somos amos de nuestro silencio y esclavos de las palabras.