Ley de la selva

La falta de una justicia oportuna y de una fuerza policial con capacidad de controlar la delincuencia son los elementos para una tormenta perfecta.

El cansancio, la impotencia y la rabia ante los desafueros de delincuentes reincidentes está llevando a algunas comunidades a tomar la justicia por sus manos.

Los linchamientos de supuestos o reales delincuentes en Bonao y Santiago son un llamado de alerta a las autoridades a cumplir con sus responsabilidades.

Los ciudadanos sufren dos veces: cuando son atracados a pleno sol y cuando ven a los criminales impunes en las calles.

La policía es incapaz de atrapar a los delincuentes y la justicia no muestra voluntad en condenarlos. Este estado de cosas conduce a la primacía de la ley de la selva.

Cabellera rebelde

Las pasiones se desbordaron en la cámara de diputados. El diputado Juan Hubieres, molesto por la imputación de que cargaba un arma en la cintura, se levantó la camisa y preguntó: “¿Voy a tener que desnudarme?”.

Lo que cargaba el diputado Hubieres era un cepillo. Parece que su cabellera rebelde necesita de una constante atención para no salirse del orden durante la agenda cotidiana del legislador. La levantisca cabellera, a tono con la cabeza que adorna, hizo pasar un mal rato al legislador sindicalista. Poco faltó para que se liaran a puñetazos.

Tal vez, del pique, decida pelarse. Y no andará armado de cepillo.