De Cuaresma, campaña y carnaval

Mucho se han quejado los jerarcas católicos de la coincidencia en el tiempo de cuaresma y carnaval, en adición de las fechas patrias, que tienen sus días cumbres en febrero, una mezcolanza difícil de desarmar, porque lleva unos complejos entinglados históricos, culturales y de idiosincracia. Pero en años electorales, como este 2016, a la receta se le agrega el ingrediente pintoresco de las campañas proselitistas de aspirantes presidenciales, legislativos y municipales. A decir verdad, el carnaval no hace falta, a juzgar por el color, la bulla y extravagancia de las caravanas, los banderos y los desfiles de motores, tanto los del barrio, como los de los muchachos de la clase alta. Lo más carnavalesco de todo y que nos retrata como país, póngale usted el calificativo que quiera, son esas caravanas urbanas y los banderos que obstaculizan el tránsito y trastornan los afanes cotidianos de quienes no están en ánimo de proselitismo.

Desarrollo

Se les puede creer a los partidos y sus candidatos, en sus discursos de desarrollo, cuando estrenen otras formas de promoverse, en las que el contenido supere la bulla y se respete el derecho a la libre circulación de la ciudadanía. Quizás el tan manoseado debate del que se habla en estos días sea una buena forma de empezar.