Entusiasmo perdido

Las números de las encuestas no se están viendo en las calles. Las caravanas de los pueblos, hasta ahora, están dejando mucho que desear. El fenómeno no tiene una explicación sencilla. Lo cierto es que, por recurrente, ha devenido en misterio. No se entiende cómo un partido con recursos abundantes y que está repartiendo música y bebida a su paso solo pueda mostrar las largas filas de jeepetas y alrededor las ventanas cerradas de las casas.

La pregunta es obligada: ¿Dónde anda el entusiasmo con la magna obra de gobierno? La contentura del mucho a poco no se siente. Lo que se siente es la modorra de medio partido que todavía no se decide a trabajar. La primera tarea del equipo de campaña que dirige Francisco Javier será sacudir esa pereza para reencontrar el entusiasmo perdido.

Partido chico

Los que conocieron a Peña Gómez están sorprendidos con las comparaciones de los acuerdos cerrados por el gran líder y los pactos de Miguel Vargas. Por más que se afanan en buscar el parecido no lo encuentran. Lo primero es que Peña nunca pactó con el poder. Lo segundo es que nunca traicionó a los propios para favorecer a los ajenos.

Los antiguos militantes del PRD  nunca pensaron presenciar cómo en tan solo cuatro años se hizo añicos la grandeza histórica de su organización. Guido tuvo razón: un partido chico para negocios grandes.