Sabrá Dios

La enfermedad de nuestro sistema de Salud Pública se nota hasta en los procesos de remodelación de los hospitales. En el Marcelino Vélez se lleva más de tres años trabajando y no se llega al final. Ahora se denuncia que se abultó el presupuesto necesario para la obra.

Al parecer, andan volando unos cuatrocientos millones de pesos.

La obra fue asignada a una compañía sin ninguna experiencia en la materia. Parece que el amiguismo influyó para otorgarle el premio mayor de un contrato de más mil millones de pesos. Lo peor es que esta compañía subcontrató a otra que tampoco pudo llevar a buen término el proyecto.

Las dos andan ahora envueltas en una litis judicial por cien millones. Mientras tanto, el hospital en veremos, y los cuartos, ¡sabrá Dios!

Vacío

El proceso que vive Brasil no es de legitimidad ni de legalidad. El problema allá es de autoridad moral. El proceso que se le sigue a Dilma es constitucional, pero injusto. El pecado de Dilma no es ser corrupta.

Desde el principio de su administración mostró una voluntad política sincera por acabar con la impunidad y la corrupción política de su propio partido.

El único error que se le puede imputar es ser demasiado leal a Lula. Todo parece indicar que le queda poco tiempo en el cargo. Después de ella viene el vacío, porque los candidatos llamados a sustituirla están todos acusados de corrupción.