Excesos

La visión partidista no puede producir un análisis lúcido de la realidad. Y mucho menos cuando ese análisis lo realiza el presidente del principal partido del país. Leonel Fernández trata de explicar el tollo electoral por la complejidad de la unificación de los comicios y no por las inobservancias de la JCE.

En pocas palabras, cogió el rábano por las hojas. El partidismo siempre ve la paja en el ojo ajeno y casi nunca la viga en el propio. Leonel utiliza la palabra “exceso” para describir los pedidos de validación de cada voto, incurriendo en el  “exceso” de atribuir a la oposición el interés de que se cuenten los doce millones de boletas utilizadas en el proceso.

Lo cierto es que nadie razonable pediría  eso y, sin temor a equivocación, se puede decir que nadie lo está pidiendo. Lo cierto es que tampoco se puede pedir allí donde las irregularidades son evidentes, porque el desorden es de tal magnitud que ya no es posible confiar en el contenido de las urnas. Por ejemplo, en la provincia de Santo Domingo Este.

La palabra “exceso” define mejor un proceso que se mostró desequilibrado desde todos los puntos de vista. Las cifras mensuales de gastos publicitarios eran apabullantes en favor del partido del profesor Fernández.

El aceleramiento del gasto público que comprometió la mitad del presupuesto antes de llegar a medio año puede calificarse, sin duda, de exceso. A Leonel se le olvidaron los excesos más importantes para su artículo.