El puente

El endurecimiento de la posición de los partidos opositores indica la entrada en tiempos turbulentos. El país, no cabe duda, llevó hasta el límite la escasa institucionalidad.

Las evidentes anomalías en el proceso electoral no pueden ser obviadas y aceptadas con normalidad. No podemos hacernos los chivos locos y decir que todo está bien.

El carro democrático tiene el neumático electoral con poco aire y así no hay gobierno que pueda conducir establemente. La táctica de jugar al tiempo lo único que puede lograr es agravar la situación.

El desorden es de tal magnitud que incluso los más optimistas perdieron la esperanza de que se pueda contar con credibilidad. El esfuerzo para recuperar la convivencia pasa por la necesidad de un gran pacto para relanzar la democracia.

El partido ganador debe tener la suficiente visión y generosidad para entender que no puede gobernar sin contar con la oposición. Hay que bajar el hacha de la guerra y tender el puente del diálogo.

Atención

El agua que faltaba ahora nos inunda. Las imágenes que presentan los pasillos de los centros hospitalarios de Santiago llenos de agua hablan del inclemente tiempo y de la precariedad de la infraestructura de salud. El desarrollo se nos escapará mientras no tengamos atención médica pública digna. Aprovechemos el diálogo del sector salud para planificarla.