Culpa

El pobre pueblo venezolano parece que no puede contar con nadie en la comunidad de naciones hermanas. El resultado final de la reunión de la OEA es decepcionante.

El tema del acongojado país terminó en el limbo. Los treinta y cuatro países decidieron no decidir; y para colmo, ni nueva fecha existe para seguir discutiendo el tema. Nadie se atreve a poner a valer la Carta Democrática si es contra un país grande y gobernado por supuestos “progresistas”. 

Los venezolanos han perdido las garantías mínimas de la democracia y a nadie parece importarle. Lo peor es que todo parece indicar que aquello terminará por resolverse por la fuerza. Sobre todos nosotros caerá la culpa.

Confianza

Las reacciones al tema del Pacto Fiscal muestran un panorama diferente al declarado por el ministro administrativo, José Ramón Peralta. El clamor que él escuchaba se parece más al temor.

Las experiencias previas dejaron una marca imborrable, como esas pelas de padres violentos.

En los últimos tres lustros el país ha sufrido once reformas tributarias. Los problemas del pueblo siguen igualitos y las autoridades no dejan de malgastar lo recaudado.

La razón aconseja que antes de aprobar un nuevo peso al erario, la casa del Estado se ponga en orden. El despilfarro es notorio en la mayoría de las actividades. No hay confianza en el buen sentido administrativo del Gobierno.