Para los discursos

La transparencia abunda en los discursos, pero es muy escasa en las acciones. Los funcionarios que presentaron su declaración jurada a tiempo no supera los quinientos. Los incumplidores suman miles. El plazo venció hace días. Nadie parece estar preocupado por las posibles consecuencias.

El fracaso en el cumplimiento de la importante ley queda evidenciado en el portal vacío de la Cámara de Cuentas.

El mundo digital está a la espera de los datos, pero ni siquiera hay fecha cierta para subirlos a la página.

Esta muestra de vagabundería colectiva no debe extrañar a nadie. Las consecuencias por el incumplimiento pasado fueron nulas. Los compañeros saben que las promesas de tolerancia cero son para los discursos.

¿Víctima?

El senador por Santiago, Julio Cesár Valentín, dice que a Roberto Rosario podrían convertirlo en una víctima. La pregunta es obligada: ¿víctima de quién? La respuesta más racional: de sí mismo.

La personalidad autoritaria y el extremo individualismo en las decisiones son responsables de las dificultades de su imagen actual. Roberto solito fue el que se metió en el problema de la automatización.

Muchas voces hicieron la advertencia de lo impropio del invento. No se llevó de nadie.

Hizo su real voluntad, y al final todo le salió mal, pero muy mal. El único culpable de que esté en las cuatro esquinas es el propio Roberto.