Colapso

La pobreza no es ni debe ser justificación para las malas actuaciones, pero sí puede ayudar a entenderlas. La poca dignificación del trabajo que realizan policías y guardias en el país conducen a la desesperación. No se puede pensar que aquellos que no tienen seguridad pueden dar seguridad.

La degradación de las condiciones laborales de los agentes y soldados está provocando una deserción masiva de los mejores. Los que se quedan en el servicio lo hacen por el uniforme y la pistola. La trágica muerte de un soldado atracador a manos de un policía retrata la lastimosa situación de los hombres de uniforme.

El colapso es claro, ahora toca actuar para recuperar. No se puede perder más tiempo.

Justicia

La justicia, lo sabemos, anda podrida desde hace mucho. La influencia política que opera en su vértice pervierte también la base. La diosa Temis dominicana no es ciega. El velo que cubre sus ojos se levanta para garantizar impunidad a todos aquellos que hacen del patrimonio público, bienes privados.

Los ejemplos de mala justicia, por incontables, no sorprenden a nadie. El destino de los casos importantes es la gaveta  del Ministerio Público o la sentencia de un juez complaciente.

El proceso que se le sigue a la exjueza Awilda Reyes es espéctaculo de circo necesario para contentar a los ingenuos. La justicia necesita mucho más que ese proceso para conseguir recuperar el fiel de la balanza.