Sospechoso

La izquierda en América Latina, tan inclinada a la protesta, guarda siempre un sospechoso silencio cuando los atropellos politicos los comete uno de sus pares. Las elecciones de Nicaragua fueron una farsa.

El tercer mandato consecutivo de Daniel Ortega lo colocan en la galería de dirigentes antidemocráticos. Las tácticas que hicieron de Balaguer una figura enojosa por su constante “vuelve y vuelve” son las mismas que usa este falso héroe. Los pies de barro hace rato que se le notan.

La oposición se negó a participar en el proceso teatral organizado para expedir un nuevo certificado como gobernante a Ortega. El silencio de los progresistas lo protegerá, porque disfrutan con los partidos únicos. Claro, los de “izquierda”.

Rectificación

A golpes de opinión pública se consiguió hacer recular a la terca mula del sistema de justicia. El procurador general, Jean Alain Rodríguez, revocó el traslado de Blas Peralta.

La democracia, se supone, es eso: el pueblo habla y las autoridades escuchan. Meter la pata y sacarla a tiempo equivale a no equivocarse.

El error fue del Gobierno y no solo del joven Procurador. La población identificó de inmediato el origen del favor. Blas es una carga a la que hace tiempo se le busca acomodo, pero no es fácil. No podrán evitar que se haga justicia.