Nuestros hábitos ancestrales han traído consigo un gusto excesivo por la sal. Por tal motivo no concebimos cocinar nuestros alimentos sin ese condimento. Pero olvidamos que la sal se encuentra oculta en muchos alimento de consumo diario como enlatados, salsa china, embutidos, panes, galletas, snacks, caldos de pollo, etc. Dicho esto, tenemos que aceptar lo difícil que resulta comer bajo de sal.

Ahora bien, ¿por qué la sal puede impactar en el proceso de salud-enfermedad?

Para responder a esta pregunta es necesario aclarar varias cosas. En primer lugar, que hay diferencias entre sal y el sodio, pues la sal es un compuesto químico llamado cloruro de sodio (ClNa). En segundo lugar, el elemento a considerar es el sodio. En este punto es importante conocer que nuestro organismo mantiene un estricto control del sodio en nuestro cuerpo, porque su exceso resulta perjudicial, pero su déficit también.

Desde el punto de vista médico, la OMS plantea un mayor control de la ingesta de sal como un medio de reducir las complicaciones cardiovasculares derivadas de la hipertensión arterial, como son lesión cerebral, del corazón y los riñones. Para ello se ha diseñado una estrategia que envuelve al Estado como agente rector de normas, la industria, los médicos y la población. Hasta ahora su fruto ha sido un etiquetado con informaciones nutricionales, reducir la sal en alimentos procesados, mayor conciencia en el consumo de comidas rápidas, etc.

Desde el punto de vista fisiológico existe un grupo de personas que genéticamente son poco sensibles a los efectos perjudiciales del sodio. Y otro grupo constituido por las personas de raza negra y otras minorías raciales que son muy sensibles, y estos son los que tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares asociadas al consumo alto de sodio.

La OMS recomienda un consumo de sal no mayor de 5 gramos, eso equivale a dos cucharitas de endulzar café al día. Pero considero que en nuestro país consumimos muchas veces esta cantidad. Sin embargo, los estudios han demostrado que una reducción de 10-25 % del consumo de sal tiene un impacto tan importante como reducir la enfermedad cardiovascular en 593,000 casos por año y las muertes por esta causa en 54,000 por año.

A pesar de estas preocupaciones y cifras alarmantes, seguimos sobrecargando nuestro cuerpo de sal, provocando la aparición de enfermedades prevenibles con medidas muy económicas y fáciles de instaurar que no resultan una carga para el Estado, la industria o las personas. Ojalá cambiemos nuestra forma autodestructiva de pensar y actuar.