¿CON ESTE CALOR, DEBO DEJAR DE HACER EJERCICIOS?

En 1984 el Dr. William C. Roberts escribió en la revista American Journal of Cardiology lo siguiente: “Un agente hipolipemiante (baja la grasa en sangre), antihipertensivo (previene y controla presión de la sangre), inotrópico positivo (aumenta la fuerza de cada latido del corazón), vasodilatador (aumenta el calibre de vasos sanguíneos), diurético (aumenta eliminación de orina), anorexigeno (reduce el apetito), reductor de peso, catártico (combate estreñimiento), hipoglucemiante (baja el azúcar en sangre), ansiolítico (combate el estrés), hipnótico (ayuda a dormir mejor y con cualidades antidepresivas”.

Cuando vemos esta descripción de inmediato nos preguntamos, ¿Qué medicamento o procedimiento médico puede ser tan milagroso? La respuesta es sencilla: pues todos estos beneficios los aporta la actividad física, algo muy económico, accesible, realizable por todas las personas independientemente de la edad, estado físico o salud.

Es alarmante el impacto negativo sobre la salud producido por la inactividad física, prohijada esta por los cambios en los patrones de conducta saludables como ir caminando al trabajo, practicar algún deporte, subir escaleras en vez de usar el ascensor, sustitución de la dieta tradicional por comidas rápidas cargadas de grasas malas, todo esto agravado por la urbanización del campesino, importando la miseria del campo a la ciudad. Por ello vemos con alarma un marcado aumento de obesidad, diabetes, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, infarto agudo al miocardio. Todos ellos englobados en un grupo llamados Enfermedades Crónicas no Transmisibles, consideradas la epidemia del siglo XXI.

En todo esto no podemos dejar de ver una gran ironía que nos juega la vida, pues estas enfermedades son muy prevalentes en los países desarrollados y ricos, los cuales han exportado su idea de bienestar a los países pobres donde la transculturización ha producido un aumento de las enfermedades propias de los países ricos. Por ello los periódicos publican con alarma la noticia del aumento significativo de la obesidad en nuestro país.

No puedo dejar de reconocer el gran esfuerzo realizado por las autoridades de Obras Públicas y los cabildos al dotar los parques de algunas ciudades de máquinas para ejercicio. Para mí, fue una sorpresa encontrar en Miches un pequeño malecón remodelado y diseñado para estos fines.

Por ende es necesario que los médicos incentivemos más a nuestros pacientes a realizar actividad física, aclarando que hay diferencia entre ésta y el ejercicio. La primera engloba todas las actividades de la vida cotidiana que impliquen mover el cuerpo (tareas del jardín, trapear el piso, barrer, hacer las compras a pies, ir caminando al trabajo o escuela, bailar,  etc); hacerlo con frecuencia lleva al individuo a cierto entrenamiento, que resulta beneficioso para la salud.

Lo segundo, realizar ejercicios, significa un compromiso que para ser efectivo debe ser regular, de intensidad moderada o alta y que actúe sobre el mayor número de grupos musculares. Pero sí debe quedar claro que ya sea ejercicio regulado o actividad física cotidiana, ambos son beneficiosos para prevenir las Enfermedades Crónicas no Transmisibles.