La visita de Francisco a México, a pesar de estar colmada de críticas por parte del 19% de la población no católica, ha dejado en el país un mensaje esperanzador.

Migración, juventud, familia –éstos son los ejes centrales de la visita de Bergoglio a lo largo y ancho del país. Sin embargo, algunos sectores reclaman al pontífice no haberse “mojado” en temas como la pederastia y la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

El jefe de la Iglesia católica sí reprendió a los obispos, al señalar que deben ser serviles y no príncipes en palacios.

A diferencia de otras visitas papales al país, su paso por Ciudad de México, Ecatepec, Chiapas, Morelia y Ciudad Juárez, el mensaje del Papa conectó perfecto con los fieles y es que su español ayudó a que el mensaje fuera más directo y su sencillez lo aterrizara en la realidad del pueblo.

Prisioneros, jóvenes, familias perfectas e imperfectas, indígenas, religiosos y políticos escucharon a un papa cercano y humilde, que siempre ha pedido que recen por él.

Más allá de la cortina de humo de la que dicen forma parte este periplo papal, los problemas sociales de México continuarán, y es que el papa no ha venido a resolverlos sino a dar esperanza a los católicos y a renovar una fe que sigue cayendo en el segundo país del mundo con mayor población católica.