Solo algunos lugareños lo sabían, aquellos que penetran las interioridades de la cordillera. Otros solo oíamos hablar de su existencia, aunque Saltos la Jalda “siempre” estuvo allí con sus cristales de aguas eternas que no terminan nunca de caer.

Se ubica en el mismo corazón de la Cordillera Oriental, digamos que con un pie en Miches y el resto del cuerpo en Sabana de la mar.

Es el salto de agua más alto de la región del Caribe, se afirma, con 120 metros de altura. Para tener una idea de su dimensión se le compara con la torre Acrópolis que tiene más o menos igual estatura. En  octubre del año 2009, mediante el Decreto 571-09 fue declarado parque nacional.

En esta enorme fuente acuífera nacen los ríos Las Lisas y Magua, los cuales son vitales para vida humana en la zona.

El decreto contiene en uno de sus párrafos el objeto principal del Parque: “Conjugar la conservación de su riqueza biológica (…) propia del bosque latifoliado siempre verde que se desarrolla sobre substrato extrusivos, con el aprovechamiento del gran potencial ecoturistico, recreativo y educativo
que poseen los cursos de agua, balnearios y parajes naturales que discurren o se resguardan en este sistema montañosa”.

Hasta hace pocos años el acceso a la zona era casi imposible dada la espesura del bosque y lo crispada de la montaña, pero el Ministerio de Medio Ambiente ha trabajado un camino que aunque precario, permite llegar al parque y al Salto.

Ahora descubrimos que la cadena de montañas que rodea la zona de Miches es abundante en cascadas parecidas al Salto Las Jaldas, aunque no de tan extraordinaria altura.

Nos agrada saber que esas montañas están preñadas de agua, que rompieron fuente y en consecuencia podemos esperar con entusiasmo el parto de bienestar para la región.

Los operadores turísticos se preparan para exponer al mundo estas bellezas. Ojala que como en la novela de Jacques Roumain, no aparezcan “los gobernadores del rocío”. Al fin y al cabo Miches no es Fonds-Rouge.