No tengo dudas de que entre los diez miembros escogidos como titulares y suplentes  para conformar la JCE hay gente honorable. Pero cuando hablamos de política y de asuntos electorales hay que medir la conducta de las personas a partir de la actitud política y no a partir del comportamiento general del individuo por más distinguido que sea de quien se trate.

Ya dijo un articulista de un diario nacional que en el desenlace de la composición de la Junta, el partido de gobierno obtuvo: una militante, un aliado y algún o alguna simpatizante. El PRD, no hay dudas, obtuvo un militante y un aliado.

La oposición no quiso participar del festín por tanto no tiene, allí, quien le escriba. El bloque opositor, con el PRM a la cabeza, propuso la integración de una Junta compuesta por personas no vinculadas a los partidos políticos.

Ese propósito es noble e idealista pero lo cierto es que no pudo ser concretado dada la conocida desventaja de los proponentes en El Senado.

El presidente del PRM ha hecho público que del litoral oficial se sugirió nuestro nombre para la integración del órgano electoral a lo cual  este se opuso.

Hay que admitir que ya en esas circunstancias el partido moderno actuó coherentemente al asumir esa postura puesto que fue esa la línea que se trazó desde el principio. No obstante,  vale la pena evaluar desde la praxis política si los beneficios son mayores que haber propugnado por una Junta equilibrada donde todos los actores estuvieran representados por igual.

Esperemos la designación de los titulares de los departamentos clave de la Junta; la restructuración de las Juntas Electorales del Distrito Nacional y los municipios; la designación de los oficiales civiles y hasta la conformación de los colegios electorales; esperemos saber quién velará el sueño del PRM y la oposición, salvo la confianza en los honorables.

Esperemos. Solo por estos detalles sangra nuestra herida, porque como dice una vieja canción que escucho en voz de Manzanero: “entre tú y yo no hay nada personal”.