La visita del Papa Francisco a México llena de regocijo y entusiasmo a propios y extraños; artistas y políticos han dado bienvenida al pontífice al catalogarlo como “un ser de luz”, y le han agradecido por considerar su acercamiento a lugares en conflicto como Cuba o el mismo país del norte.

No obstante, para la sociedad mexicana, en la que 8 de cada 10 mexicanos, es decir alrededor de 94 millones son creyentes católicos, resulta más que una simple consideración: la esperanza en momentos de crisis política y social; “paz y amor que tanto se necesitan” en un país invadido por la violencia, el temor y el narcotráfico; donde la desigualdad socioeconómica crece, el peso se devalúa y la inflación crece, ante los ojos “a ciegas” de sus gobernantes.

Fue Enrique Peña Nieto quien agradeció en Twitter que Francisco haya aceptado visitar su país; y el cardenal Norberto Rivera el que confirmó que los gastos del encuentro los sufragará el Gobierno federal debido a que recibe al Pontífice en calidad de jefe de Estado.  

Pero, ¿en realidad puede el papa ofrecer algún plan político para remediar lo que la dependencia afirmó, si la separación entre el Clero y el Estado viene desde la promulgación de la Constitución de 1857 y se ratifica en el artículo 130 de la Constitución de 1917 que limita la participación de sacerdotes o ministros religiosos en asuntos políticos? Por un lado.

Por otro, aunque la fe sea grande, la visita del Papa ha generado también críticas negativas, entre ellas, las de medios de comunicación independientes y usuarios de redes sociales por el excesivo gasto del gobierno federal y de los gobiernos locales por esas “buenas intenciones” de reafirmar la fe de los ciudadanos, cuando temas como Educación, servicios básicos como agua, luz y salud pública en regiones de bajos recursos, deberían tener preferencia.

En números. El gobierno de Michoacán, uno de los destinos de la agenda papal, ha invertido alrededor de 300 millones de pesos en promoción y remodelación de espacios donde el pontífice se reunirá con los feligreses, por sólo siete horas de estancia, mientras que el estado tiene una deuda pública por 33 mil millones de pesos.

En Chihuahua, el costo de recibir al máximo jerarca de la Iglesia católica será de 20 millones de pesos, por nueve horas con 15 minutos. Los mismos que se han destinado a la construcción del altar donde Bergoglio oficiará una misa masiva en la que participarán 200 mil personas.

La visita pastoral a México será del 12 al 18 de febrero. Su agenda de actividades se desarrollará en la Ciudad de México, y en los estados de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua.