Commendatore

En el teatro judicial dominicano, la obra parecía haber terminado luego de que el Procurador Dominguez Brito decidiera no continuar con el caso seguido contra el ingeniero Félix Bautista. El Procurador aplicó al caso la ley Domínguez número 2015-hashtag #nomemerecenconfianza. El sabio pueblo realizó su inferencia sobre dichas declaraciones  y creó su propio hashtag para nuestra Suprema Corte: #sontodosunoscorruptos.

En el siguiente acto, el presidente del Supremo enfrentó al Procurador Dominguez, pero la reacción de algunos sectores, y de parte del pueblo, fue encontrar en el Doctor Germán al Commendatore, el culpable, exigiendo su cabeza.

Al subir el telón el Procurador Domínguez dijo haber encontrado al Commendatore, sólo que era un monstruo de dos cabezas, una femenina, representada por la magistrada Awilda Reyes Beltré, y la masculina, por el renunciante magistrado Francisco Arias. Esta vez estaba claro, había que matar a Commendatore, y así lo hicieron enviando a prisión a ese monstruo controlador de la “estructura mafiosa.”

En la siguiente escena la Directora del PEPCA se fue de pesca con la Magistrada Reyes, y al salir del interrogatorio de la magistrada Awilda Reyes Beltré dejó entrever que la mayor parte del Palacio de Justicia estaba podrido.

Lejos de dejarnos saber quiénes forman parte de la estructura mafiosa de la cual Commendatore era la mente maestra (al menos dominada por el juez Arias el malo), el presidente de nuestra Suprema Corte de Justicia solicita diálogo. Pide justicia contra el injusto (el Palacio de Justicia); “que suelten a Barrabás, pedían los fariseos”.

De repente se olvida la estructura mafiosa, todo el mundo alaba el diálogo. Ahora necesitamos congresos y cumbres judiciales y comisiones que supervisen los tribunales. Vamos a olvidar eso de que hay que sacar a los corruptos. No, vamos a realizar comilonas y desayunos donde las mentes “más lúcidas” nos alumbren el camino hacia la mejoría.

Durante mucho, muchísimo tiempo, nos convencieron de que sabían lo que estaban haciendo con sus escuelas para jueces, y el Consejo del Poder Judicial. Hoy el Magistrado Germán, no está seguro.

Al final de la obra cuando preguntó el inquisidor: ¿“Quién mató al Comendador?” –”Fuenteovejuna, señor”. –¿”Quién es Fuenteovejuna? –”Todo el pueblo, a una, replicaron.
Pero, en la sala uno que sabía de sainetes vociferó: –“Mentira”, y se marchó del teatro.
Déjense de cumbres y saquen a los corruptos.
Con esto basta.   
 

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