El Diario de Lorenna ¡Para todo hay una primera vez!

Por Lorenna Pierre
El Diario de Lorenna ¡Para todo hay una primera vez!

Querido diario:

¡Increíble! Eres mi escrito número 100. Ya hace casi dos años que acepté el reto de compartirte a través del periódico Metro.

Y nunca había dejado de organizar mis ideas en estas líneas en esas 100 semanas, sin importa si me encontraba en medio de mis vacaciones o fuertes cargas de trabajo. Pero para todo hay una primera vez. El miércoles pasado fue esa vez.

Justo en este ejemplar mi computadora decidió hacer de las suyas, borrándose el artículo completo cerca a la hora de entrega. Me sorprendí de mi misma, porque en otro instante hubiese entrado en estado de histeria.

Hubiese partido por sentirme inmensamente culpable por no haber sido más cuidadosa, partiendo de mi idea de que los accidentes son evitables: y si hubiese guardado el documento en dos dispositivos o me hubiese enviado todo antes de cerrar el archivo…

Luego, esa misma culpa me llevaba a presionarme hasta tal punto que hacia lo imposible por finalizar la tarea. ¡Responsabilidad ante todo!, pensaba. Y después pasaba días cargada por ese episodio. Contigo, después de reflexiones arduas juntos, aprendí a soltar.

Esta vez me dije a mi misma: mi misma, ¿sabes lo que tienes que hacer? Aprender de tus errores para no repetirlos. Así que me senté a meditar unos segundos sobre lo que podía mejorar y pasé al siguiente eslabón: ver opciones para resolver el problema (obvio que antes me cercioré de que había intentado todo lo posible para recuperar tus páginas, querido diario).

Las opciones para resolver el inconveniente eran: caer en mi reacción de siempre de volver a escribirlo, tomar una publicación vieja apelando a que el tiempo se había encargado de borrarla de la memoria de quienes la leyeron o esperar que en el periódico entendieran la situación y pedirles una tregua en esa entrega.

Me fui por la última, decidí soltar. Podía caer en el error de, por solucionar el tema inmediato, cometer una cadena de fallos. Por esto me di permiso de faltar, siendo la gran variable el lograrlo sin sentimientos de culpabilidad.

Conté con la compresión de mi equipo, que permitió que todo fluyera mejor.

Tampoco quiero me malinterpretes diario, no se trata de ser irresponsables, se trata de saber que no podemos controlar los factores externos, mucho menos cargarnos con las situaciones que no podemos controlar. Hacemos lo que está en nuestras manos, el resto no nos corresponde. ¿Qué me repetía una y otra vez? “La voluntad del Señor es buena y perfecta”.


Mi Día a Día

Errores que originaron grandes cambios

1. El olvido que dio origen a la penicilina:

El olvido que dio origen a la penicilina:

El antibiótico más conocido del mundo no hubiese existido si el médico británico Alexander Fleming no hubiera olvidado limpiar su laboratorio antes de salir de vacaciones. Nace cuando Fleming regresa y analiza este hongo capaz de aniquilar bacterias. Fue la clave para el proceso que, unos años después, llevó a la invención de los antibióticos. Este descubrimiento ha salvado la vida a millones de persona.


2. El cambio de hora que salvó a Fidel Castro:

El cambio de hora que salvó a Fidel Castro:

La invasión de Bahía de Cochinos fue una operación militar en la que tropas de cubanos exiliados, apoyados por Estados Unidos, invadieron Cuba en abril de 1961 para intentar derrocar el régimen de Fidel Castro y formar un gobierno provisional. La acción acabó en fracaso en menos de 65 horas. A los conjurados se les había olvidado un pequeño detalle: la diferencia horaria entre Nicaragua (lugar de donde despegarían los jets para el ataque) y Cuba. Los jets sobrevolaron suelo cubano con una hora de adelanto y se fueron sin haber apoyado a los invasores.


3. El error de cálculo de Cristóbal Colón::

El panadero que incendió Londres:

En 1492, el almirante genovés Cristóbal Colón consiguió que los Reyes Católicos, los monarcas de España de la época, le financiaran un largo viaje, que él creía le llevaría a conquistar las Indias. Pero el navegante hizo mal sus cálculos y cometió varios errores que dieron un vuelco total a su histórico periplo: se tropezó con América.


4. El panadero que incendió Londres:

El error de cálculo de Cristóbal Colón::

Los errores también generan grandes desgracias. John Farynor, el panadero del rey Carlos II, después de un día largo y fatigoso, subió las escaleras hacia su dormitorio sin percatarse que no había apagado bien sus hornos de pan. La llama creció y a las dos de la mañana, el 2 de septiembre de 1666, el fuego en la panadería inició uno de los peores incendios de la historia, el Gran Incendio de Londres.


5. Reagan no sabía actuar como presidente::

Reagan no sabía actuar como presidente::

De esas locuras que te sorprenden. Ronald Reagan, el ex-presidente de los Estados Unidos y exactor de cine, fue rechazado para el rol principal en una película de 1964 llamada “The Best Man” porque “no tenía apariencia de presidente”. ¿Y qué pasó? Se convirtió en uno. Quizás, si hubiese interpretado ese rol, cambia su rumbo.

 

 

 

 


 

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