Dominicanos llevan el arte de pelar (y un poco de alegría) hasta Chile

Miles de dominicanos eligen Chile como el país donde buscar oportunidades. Muchos trabajan de peluqueros en el centro de la ciudad. Metro habló con algunos de ellos.

Por Felipe Herrera Aguirre
Un niño chileno se pela en la Peluquería Dominicana, en el centro de Santiago de Chile / Camila Rodríguez
Dominicanos llevan el arte de pelar (y un poco de alegría) hasta Chile

Salieron de República Dominicana pensando solo en una cosa: trabajar. En vez de ir al gran país del norte, Estados Unidos, eligieron ir en sentido opuesto. Chile significaba la promesa de poder prosperar. Y aunque no ha

Dominicanos llevan el arte de pelar

sido nada fácil, estos dominicanos lo están consiguiendo.

Ejerciendo su oficio, el de peluquero, han encontrado la estabilidad que buscaron. En un país a miles de kilómetros del propio, donde los hombres están cada vez más preocupados de su aspecto físico y de su cabello, los peluqueros dominicanos han encontrado su espacio.

José Luís Merdomo tiene 37 años y hace dos meses que está en Chile. Llegó desde la provincia de San Juan, y hoy corta el cabello en el barrio de Estación Central, en Santiago. Además de peluquero, es carnicero, pero duda al decirlo para no provocar desconfianza en el cliente al que le está cortando el cabello. Sonríe, y su cara se ilumina. Posa para las fotos con total confianza.


Cifra

15.000 dominicanos viven en Chile actualmente según Pablo Maríñez, Embajador de la República Dominicana en Chile. Al menos la mitad lo hace de forma ilegal.


Dominicanos llevan el arte de pelar Jonathan tiene dos hijos, ambos chilenos / Camila rodríguez

Lo que más le gusta de Chile es la tranquilidad; es la respuesta que más se repetirá entre los peluqueros dominicanos. A pesar de esto, la adaptación ha sido difícil. De todas formas, no se le pasa por la cabeza volver a República Dominicana.

Pedro Chandelle Montás (sí, dice, como el postre que tienen acá en Chile) tiene 31 años, usa una cola de caballo y lleva un gorro con visera azul marino. Asegura estar dispuesto a responder lo que sea.

Hace un año y 7 meses que llegó a Santiago, y montó inmediatamente una peluquería en un galpón de tiendas a un costado de la Estación Central. Dice que no le gusta la forma en que los chilenos crían a sus hijos. “Son muy permisivos y muy consentidores. Por eso después los niños no les hacen caso a los papás”.

Cuenta que una vez, una chilena llevó a su hijo a que le cortara el pelo. El niño tomaba todas sus cosas, y Chandelle se enojó. Le dijo que si lo volvía a hacer, nunca más le cortaría el pelo. “Hoy es uno de mis mejores clientes”, lanza con tono triunfal.

Chandelle tiene cuatro hijos en Dominicana. No los ha visto desde que se fue. Dice que está pensando en llevárselos a Chile. Que aunque no le gusta que los chilenos sean tan amargados, cree que mientras no cumpla con lo que fue a hacer, trabajar, no se va a ir. “Uno está de paso acá, pero yo vine a trabajar. Nada más. Cuando se acabe, tendré que irme”. “Pero no creo que sea pronto: los peluqueros dominicanos somos bien

Pedro Chandelle Pedro Chandelle, pelando a un chileno / camila rodríguez

cotizados, porque después de los puertorriqueños somos los mejores del mundo”.

Jonathan Peña corta el pelo en una galería de tiendas conocidas en Chile como “caracoles”. Esto, porque el pasillo principal asciende como un espiral hacia el techo, mientras las personas pasan por todas las tiendas. Hombres y mujeres, la mayoría inmigrantes, salen al paso para ofrecer cortes de pelo y barba. La Peluquería Dominicana, donde trabaja Jonathan, está casi al final.

La peluquería es en realidad de su mamá. Con ella llegó Jonathan hace 9 años, con la primera oleada de dominicanos que se fueron a Chile. Ahí montaron la peluquería, Jonathan se especializó para trabajar con su mamá, y ahora él la administra. Todo lo cuenta gritando, porque en la radio suena bachata y merengue a todo volumen.

José Luís Merdomo José Luís Merdomo posa para la foto. Lleva dos meses en Chile / camila rodríguez

Eso es lo que menos le gusta de los chilenos. “Siempre nos piden que bajemos la música. No es como en Dominicana, que todo es más alegre. Eso fue difícil al principio”, dice. Pero cree que los dominicanos han llevado algo de esa alegría al país del sur.

Jonathan sueña con un día, poder vivir de los bienes raíces. “Estoy comprando un apartamento en Puerto Plata. Después, quiero viajar. De la peluquería no se puede vivir siempre, las modas van cambiando y uno pierde la mano”.

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