¿Cómo llegó el presidente de Rusia a ser un verdadero zar contemporáneo?

Los rusos sostienen que gracias a Putin el país ha recuperado la influencia que tenía en los tiempos de la Unión Soviética

Por Felipe Herrera Aguirre

Siempre se supo que Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, ganaría las elecciones de ayer. Unos comicios que funcionaron más como un plebiscito hacia su persona y sus políticas internas y externas, que han llevado a su país a recobrar el protagonismo internacional perdido durante los noventa. Una carrera de uno solo.

Putin, un ex agente formado en la KGB enviado a Dresden para cumplir misiones de reclutamiento y espionaje para la Unión Soviética, y ex director del Servicio de Inteligencia heredero del aparato de inteligencia soviético, ha construido desde su ascenso en el 2000 un sistema autoritario que gira en torno a su persona. Esto, con el objetivo de devolver a Rusia el lugar que él cree que se merece.

Los rusos piensan que gracias a Putin, Rusia ha recobrado el poder y la influencia de los tiempos de la Unión Soviética.
“Putin es genuinamente popular en Rusia por sus políticas extranjeras e internas, y también por su carisma. Es considerado uno de los grandes políticos de la historia de Rusia”, dice a Metro Ivan Katchanovski, profesor de Ciencias Políticas y experto en política rusa de la Universidad de Ottawa, en Canadá.

Estado mafioso

Como explica la periodista rusa Masha Gessen en el libro “El hombre sin rostro: El sorprendente ascenso de Vladimir Putin”, “Putin sustituyó la creencia en el comunismo por la fe en las instituciones. Su lealtad era para la KGB”.

Los críticos de Putin, como el comunista Pavel Grudinin, le acusan de ser un imperialista que tiene a su gente viviendo en la pobreza. Además, le acusan de usar al estado ruso como un aparato para enriquecerse, y de haberlo entregado a la mafia rusa. Las decenas de asesinatos a opositores al gobierno, como la periodista Anna Politkovskaya, el político Boris Nemtsov, y el ex espía en el exilio Alexander Litvinenko, han levantado las críticas a Putin por construir un “estado mafioso”.

Por eso es que todo el aparato político funciona en torno a su figura. Las elecciones rusas han sido duramente criticadas por los opositores rusos, como el ajedrecista Gary Kasparov, por ser “una farsa”. Es el propio gobierno el que debe aprobar las candidaturas, teniendo el poder de bajarlas.

¿Más allá de 2023?

La constitución rusa prohíbe a los presidentes mantenerse en el cargo por más de dos períodos consecutivos. Por ende, ésta debería ser la última vez que Putin se presente a unas elecciones. A menos que Putin quiera cambiar las reglas del juego.

“Ésa es la pregunta que viene ahora: si es que Putin continuará siendo el líder de Rusia después de que termine este período”, dice Katchanovski. La opción parece probable, y preocupa a la oposición rusa.

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