El Diario Lorenna: Mi travesía por el charco del agradecimiento

Por Lorenna Piere

Querido diario:

“Voy a poder pasar, voy a poder pasar, voy a poder pasar”, repetí varias veces mientras cruzaba un charco en horas de la madrugada. Había salido a mi trabajo en medio de las fuertes lluvias de la tormenta Beryl, y deseaba llegar a buena hora a mis labores.

Sabía que tenía que cambiar de ruta y encima de eso que, por los efectos del fenómeno atmosférico, el tiempo que me iba a tomar era desconocido. Me sentía algo presionada, por eso puse mi canción “puedo imaginarme” y le di para allá, confiada. ¿Y qué me pasó? Me quedé medio a medio del agua empozada. Ahí me llegó a la cabeza “vísteme despacio, que voy de prisa”.

Lo impresionante es todo lo que viví como consecuencia de esto. La impotencia se apoderó; tuve que decirme varias veces a mi misma: mi misma, fue un error. Puedo ser muy dura conmigo, realidad que carga. Después de respirar varias veces, me calmé. “No eres perfecta, Lorenna. No pasa nada”, agregué.

Luego miré a mi alrededor, hasta entender que estaba realmente sola. ¡Volvió el pánico! Ahí abrí mi biblia y apareció este versículo: Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogerá.

Confirmé que siempre estaré protegida por aquel que cuida, aún de las pequeñas cosas, a sus hijos.   ¿Y las estrellitas que puso Dios para mí? A pesar de la hora, tenía a mi hermana despierta haciéndome compañía, a mis compañeros de trabajo pendientes y a mis padres preocupados.

Obvio que, como mujer independiente, tomé el control como de costumbre de la situación para resolverla sola. No me gusta molestar a los demás con mis problemas, actúo así desde que tengo uso de razón.

Pero le di la oportunidad a ellos a ser útiles, porque he aprendido que es hermoso dar, al igual que recibir. A mi mamá a que me llamara varias veces para saber cómo iba el proceso, a Homero a que me dijera que pusiera todos los seguros mientras espero, a mi hermana para que me entretuviera.

¡Cargada de fuerzas, arranco mi plan de acción! Me comunico con el seguro para que envíe una grúa y además llamo a mi contacto en la casa matriz para poder dejar mi carrito allá, chequeando que todo esté bien. Increíble, sin importar la hora, Miguel me ayudó en mis inquietudes y dijo estaría esperándome.

Llegó la grúa, que consiguió rápidamente sacar mi carro del agua. Lo mejor fue la buena energía que traía el gruero Miguel (sí, también se llama así). Ya estaba tranquila, tenía mi medio de transporte fuera de peligro y a mi novio esperándome en el otro extremo. ¿Cómo quejarme?

Confiada en que se quedará en un susto, conciente de que a cualquiera le ocurre un accidente de este tipo y feliz por saber que muchos estaban dispuestos a ayudarme, me dirigí a mi oficina.

Ahí llegué a mi momento favorito, ese que hace que las penas se conviertan en alegrías: agradecer. Porque tengo un trabajo a donde acudir y un carro como llegar. No todos lo tienen. Hermosos regalos de Dios para decir gracias.

Errar es de humanos, Perdonar es divino. #PoderCorazon


El lado bueno de las malas noticias

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Las cartas de a cueva Tham Luang

Todos seguimos el rescate de los 12 niños y el entrenador, en la cueva de Tailandia. Esa noticia que entristeció al mundo, se volvió alegría al ver a los 13 de vuelta.

En el interiné, Ekapol Chanthawon, de tan solo 25 años, le escribió una carta a los padres de los pequeños que decía: “Quiero decir a los padres que los niños se encuentran estupendamente. La gente se está ocupando muy bien de ellos y prometo que cuidaré de ellos lo mejor que pueda. Gracias a todos por la ayuda. Y lo siento mucho”.

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La respuesta de los padres a esa excusa presentada por el profesor, fue: “Gracias por cuidar de nuestros hijos. Entrenador, usted está ahí con ellos. Salga con ellos, sano y salvo. No se culpe”. Corazones cargados de perdón, capaces de ver más allá de los errores.

 


#LaCinematecaDeLore

Puedo imaginarme

Puedo imaginarme

De grandes tragedias, surgen milagros. Como es el caso de Bart Millard, el cantante de la banda MercyMe. Abusado físicamente por su padre, huye de su casa para lograr el sueño de ser una estrella. Es en medio de la travesía que se percata de que, hasta que no solucione sus fantasmas del pasado, no va a poder avanzar. Y cuando concluye ese proceso, ocurre algo maravilloso: escribe la canción cristiana que ha estado en el más alto nivel en los listados mundiales. ¡Sin desperdicios la película de su historia “I can only imagine”!

 

 

 

 


 

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