El Diario de Lorenna ¡Todo el mundo tiene expectativas!

Por Lorenna Piere

Querido diario:

“Todo el mundo tiene expectativas”, escribí en el post. Ya lo había hablado contigo en una ocasión cuando me desahogué sobre mi trabajo y lo que los demás esperaban. También hablamos de las expectativas sobre la edad, cuando hablamos de mi comportamiento desenfrenado.

Recuerdo que, un día en la playa, decidí lanzarme tipo ‘bomba’ de la punta de un bote. Abajo me esperaba un grupo de mujeres entre 45 y 50 años con cara de asombro. La pregunta, desde que pude tomar aire fue “¿qué edad tienes, mi hija?”. Su tono hizo que reconociera inmediatamente la verdadera intención de esa cuestionante.

Deseaban confirmar la diferencia de edad entre mi pareja y yo, para luego “dar tijera”. ¿La segunda razón? Que supiera que mi comportamiento era infantil. Obvio que me sentí, entre triste y molesta, al mismo tiempo. Después recordé lo feliz que me hizo esa hazaña y olvidé todo (como la ranita René).

Mentira… sabes que soy increíblemente analítica, así que profundicé en ello por algunos días y llegué a la conclusión de que somos presos de las expectativas. Tanto hacía los otros, como hacía nosotros mismos.
Muchos se sorprendieron cuando les conté que mi vida laboral inició a los 15 años. Imagínate diario, soy comunicadora y “blanquita”, así que todo me ha caído del cielo. Eso piensan, o por lo menos eso esperan de alguien como yo.

Todos esos prejuicios o estigmas, nos llevan a comportarnos según lo estipulado. O a ponerle sellos a quienes conocemos. Y sin darnos cuenta, andamos por la vida sacrificando nuestra libertad. Esa que nace del corazón que no juzga, del corazón que vive.

¿Que qué hacen las expectativas? Nos alejan de quienes somos y hacen que nos alejemos de los otros. Pues queremos complacer tanto esos parámetros puestos por el mundo que dejamos atrás nuestra esencia.
¿Y por qué nos aleja de los demás? Porque cerramos puertas sin haber conocido, solo porque “yo pensaba que era”. ¡Y nos perdemos de gente maravillosa, por esos prejuicios!

Tan equivocado está el que me ve y me descalifica porque piensa que “no he pasado trabajo”, como el que piensa que “por yo no haber pasado trabajo, no hay meritos en mis logros”. No es lo que he hecho, es lo que soy. Eso solo lo puedes conocer cuando le das a otro la oportunidad de abrirse a ti. Eso lo logras cuando te alejas de las expectativas.

Por comprender esa verdad es que me he enfocado en vivir libremente. En darme permiso a ser yo mismo, sin importar que expectativas tiene sobre mí, el resto del mundo. Y ese permiso me ha llevado a perder miedos, a asimilar que equivocarse es parte de la vida. A grabarme que “no tengo que ser perfecta”.
Y en esa misma proporción, darle permiso a los demás.

De lo contrario, debemos prepararnos para vivir a medias, por las cargas extras que nos suman las expectativas. Esas que, sin darnos cuenta, nos roban la capacidad de asombro porque ya tenemos todo predeterminado. Esas que, sin darnos cuenta, nos endurecen el corazón porque no nos permitimos simplemente… ser.

El primer paso para ser libre es decidirlo #PoderCorazon


La libertad de ser quien quieres ser

Esas expectativas de las que les hablé arriba, pueden ser tan poderosas, hasta tal punto de llevarnos a desestimar personas. O hacen que personas desestimen cosas. Aquí comparto ejemplos de aquellos que no dejaron que, ni la edad, ni su procedencia, ni su carrera, se convirtiera en un obstáculo.

De no tener hogar,  a uno de los hombres más ricos del mundo.

Lo tenía todo, y se avergonzaba de ello.

Larry Ellison, actualmente multimillonario, nació de una madre soltera adolescente en la ciudad de Nueva York, quien no podía cuidar de él. Su padre adoptivo era un inmigrante ruso pobre, quien le dijo a su hijo que nunca iba a alcanzar el éxito.

Cuando su madre adoptiva murió, Ellison dejó la universidad y se dirigió a California, pasando de un trabajo a otro. Fundó su compañía de bases de datos, Oracle, en 1977.


Lo tenía todo, y se avergonzaba de ello.

ejó la universidad para lograr el éxito

Aquí tenemos el otro extremo: la cantante Victoria Beckham. Ella le suplicaba a su padre que no la llevara a la escuela en Rolls Royce. Muchas veces, por como los demás asimilan las riquezas, los que tienen esa dicha se sienten incómodos al mostrarla.  Dicen que “a quien San Pedro se lo dio, que Dios se lo bendiga”. Su progenitor Christopher Hitchens estudió en Oxford y fue un oficial de la Armada. Resultado del trabajo de su familia y suyo, ¿qué tiene de malo?]


Dejó la universidad para lograr el éxito

 

Nunca es tarde para hacer lo que quieres

Nunca estaré de acuerdo con que un joven abandone sus estudios. Pero Steve Jobs no solo abandonó la universidad, sino que fue un niño dado en adopción, criado por un obrero y una ama de casa.
Tras seis meses en la universidad, tuvo que abandonarla porque no podía costearse los estudios, aunque siguió yendo a las clases como oyente durante otro año y medio. Hoy, sabemos lo que vale su empresa… mucho.

 

 

 


Nunca es tarde para hacer lo que quieres

La invención no tiene edad

Tim y Nina Zagat eran abogados en Manhattan y compartían una pasión por la buena comida. Así que en lugar de creerles a los críticos, optaron por crear sus propias guías de restaurantes basándose en las opiniones de aquellos en quienes ellos más confiaban: sus amigos. Ese fue el humilde comienzo en 1979 del imperio editorial Zagat; ahora propiedad de Google.

 


La invención no tiene edad

La invención no tiene edad

Jeffrey Nash, a sus 56 años, nunca había diseñado nada en su vida, lo que hace que su diseño del Juppy (caminador que se le pone al bebé, hecho en algodón y que se puede doblar y caber en un bolso) sea aún más sorprendente.

Nash, un vendedor de trajes de hombres que vive en Las Vegas, estaba en un partido de fútbol de su nieta en un parque cuando observó a una joven madre que se agachaba e incomodaba para enseñar a su niño a caminar. ¡Ahí está!


 

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