Desconéctate: Trabajar menos es vivir más

Empleo. Un horario de menos de ocho horas no es una apología a la vagancia sino una salida a la productividad.

Por Por Luz Lancheros

Las películas son como la vida. Al ver a la pobre Andy Sachs, de “Devil Wears Prada” o a los protagonistas de la película de Netflix “Set it Up”, muchos se imaginan que su vida laboral no puede ser así de terrible, y dígase por terrible, interminable. Pero es la vida de muchos otros. De hecho, para este año, el cincuenta por ciento de empleados, tan solo en Estados Unidos, siguen mirando sus correos y dispositivos incluso antes de irse a dormir.

Las nuevas dinámicas de trabajo, como el home office y los horarios flexibles son un arma de doble filo: si bien el trabajador tiene horarios más personalizados, tiene que estar más tiempo conectado. Y en la oficina, en muchas empresas alrededor del mundo la cultura no ha cambiado mucho, sobre todo en las horas laborables legales y en las vacaciones. Acarreando, claramente, con la salud, tanto mental como física, de muchos trabajadores.

Un estudio del Centro Médico de la Universidad de Columbia monitoreó a 8 mil trabajadores. El periodo promedio de inactividad fue de 12.3 horas. Los empleados que estaban sedentarios con más de 13 horas al día tenían el doble de probabilidad de morir prematuramente que aquellos que lo estaban 11.5 horas. Otro estudio, como el de la University College de Londres, mostró con 85 mil trabajadores que el exceso de trabajo estaba relacionado con problemas cardiovasculares. Y en la Universidad Nacional de Australia se llegó a la misma conclusión: el promedio de horas trabajadas (40) provoca riesgos para el bienestar.

En países como Alemania se quiere reducir las horas de trabajo a 28 y en Nueva Zelanda, se documentó recientemente una iniciativa para llevar el horario de trabajo a 4 días por semana por parte de una compañía, que tuvo éxito. Sin embargo, esto no es del todo un camino de rosas: en Suecia, país que se hizo famoso por querer implantar solo seis horas de trabajo, esto tuvo sus altibajos. Al país le cuesta reclutar suficiente personal para cuidar a su población envejecida y por eso se ensayó 18 meses con el horario.

Los empleados aumentaron su productividad, tuvieron menos incapacidades, pero sus opositores denunciaron que el costo superaba al beneficio. Así, se cortó el experimento y las posibilidades de que un proyecto que haga realidad el trabajar menos, a nivel económico, son improbables y poco populares dentro de los ciudadanos. Sin embargo, hay pruebas que se siguen intentando a nivel municipal en ese país y en donde a veces los empleados comentan que es más estresante trabajar poco tiempo y el trabajo se acumula más.

“Es una tendencia que se ha implantado por evolución y cultura, tanto a nivel de empresarios como trabajadores y de esta manera, se ha logrado optimizar el tiempo que se está dedicando a una labor. Al lograrse (además con diversas estrategias), se ha logrado que no sea necesaria una dedicación horaria tan alta para tener los mismos resultados”, explicó a Metro el doctor Carlos Quiroga, especialista en medicina laboral.

Sin embargo, lo que cuenta es el contexto y mientras las leyes de cada país se posicionan a favor de un horario considerable, es mejor que el trabajador haga un balance entre su vida y su trabajo. Porque estar todo el día conectado no solo hará que efectivamente, uno sea como un personaje de película, esclavizado, sino que al fin y al cabo, sea menos competente y de esta manera, menos imprescindible.

“Si sacrificas tu vida por el trabajo no vas a rendir tanto”, añadió Quiroga.

¿Qué pasa en países donde ya se está implementando un horario más corto de trabajo?

–Cuando trabajas menos horas, se ha demostrado que estás motivado y puedes dedicar más tiempo a cosas lúdicas, a tu tiempo libre y familia.

Se tiene ganancia para el empleado y para el empleador, que logra más resultados. Esto, claro, no se logra de un momento a otro, es todo un proceso: tienen que existir regulaciones, medidas, para llegar a esto. De esta manera puede haber más personas en áreas de trabajo y disminución en los espacios físicos. De esta manera ganan los dos y por otro lado, en los países donde se han tomado estas medidas esto va acompañado por el interés de la calidad de vida.

¿Qué pasa cuando uno es un workaholic?

–Uno definitivamente trabaja para vivir pero no vive para trabajar. Trabajas para sostener una rentabilidad financiera. Es un orden social que se establece. Yo devengo para mejorar mi calidad de vida. Si yo empiezo a invertir solo esto, sacrifico tiempos de descanso. Se tienen ocho horas de trabajo, sueño, descanso. Cuando extiendo el trabajo sacrifico los otros dos tiempos. También sacrifico mis temas de convivencia con las personas y mi tiempo para mí. Eso impacta en mi salud. Ahora, cuando las personas se vuelven adictas al trabajo de forma patológica, llega un momento en que hay un impacto negativo en la salud y la capacidad de resultado va disminuyendo.

Recordemos que dentro de las adicciones que puede uno presentar –como las drogas, tabaco y licor-, la adicción al trabajo afecta la salud mental y a largo plazo esto se refleja en la salud física. La persona sufre de enfermedades de fatiga y otras cosas que en algún momento tendrán consecuencias. Para salir de esto se requiere apoyo profesional, porque no es sencillo. Se trata de otra adicción.

Por Luz Lancheros

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