El Diario de Lorenna: Cuando la realidad nos golpea, fuerte

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

Fue duro…. No solo lo que pasó, también el cómo ocurrió. Por eso me marcó tanto y nunca te había contado nada. Hablo de mi cachorro Turbo, pero hoy quiero compartir ese episodio de mi vida, contigo.

Sabes que hace más de un año, mi novio Jacinto llegó a una cena que tenía con mis amigos con una hermosura entre sus brazos. Era un pug de un mes, con su lazo en el cuello. ¡Todos brincamos! Esa carita era demasiado hermosa.

Cuando llegué a mi casa hubo reacciones porque ya teníamos una mascota, había temor de cómo podía llevarse con ella. Aparte de que era una responsabilidad. Pero yo ni caso hice, me fui con mi perrito a mi habitación y me pasé la noche jugando con él. ¡Estaba muy contenta!

Entre una tanda y otra de jugueteo, dormíamos. Y yo, con ese instinto maternal a millón, abría los ojos constantemente para ver si estaba bien. A las 4:30 am me paré de mi cama para ir a cumplir con mis labores. ¡No quería dejarlo! Lo grande es que tenía sólo horas con Turbo.

Al salir del trabajo fui a comprar toda la indumentaria que requería para estar cómodo. Me pasé el día de un lado a otro, loca por terminar para poder llegar a casa y acomodar a Turbo. ¡Desde una cama tipo king le compré!

Llego a mi casa, llega mi pareja, nos ponemos a jugar. Le tocaba la comida, así que procedí a hacer lo que me indicaron. De un momento a otro, todo cambió. Por su forma desesperada de hacer las cosas, comiendo, se hacía atascado con el alimento que le tocaba.

Inmediatamente lo tomé en mis brazos y comencé a sacudirlo. Luego a darle por el pecho para que pudiera respirar. Grité a mi madre, quien corrió a la habitación a ver qué pasaba. Ella, como mujer experimentada, comenzó a darle más fuerte y ayudar con sus manos para que pasara cualquier cosa que le estaba obstruyendo la respiración.
Fue un minuto que no olvidaré. Recuerdo que llamé hasta a Vilma Gómez, quien iba a ser su doctora. Solo me escuchaba agobiada del otro lado, sin poder hacer nada más que tratar de entender lo que le decía mientras lloraba.

Finalmente, Turbo dejó de respirar… y yo pasé de llantos de angustia, a llantos de dolor. Y sí, solo tenía una día a mi lado. Pero era tan bello, tan pequeño, tan indefenso.

La culpa de apoderó de mí, con mucha fuerza. Hasta decidí hacerle una autopsia para saber si había sido la razón por la cual Turbo había muerto. En ese instante no cabía la palabra accidente.

Que aprendí, mi querido diario. Que la vida es muy frágil. Que todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, por los motivos más tontos. Por eso debemos sacar de ella lo máximo, para que no haya arrepentimientos.

Después caí en que lo único que no tiene solución es la muerte. Todos los problemas que nos pasan, de una forma u otra, podemos llegar a una salida. ¿De esa realidad? No, no hay vuelta atrás. Para aquellos que creemos en Dios, esa partida toma otro sentido. Aún así, aquí… aquí no habrá nada que hacer.

La gran pregunta, ¿lo pude evitar? Claro que sí. Esa es mi otra gran lección: entender que los accidentes ocurren y que las consecuencias las tendremos que vivir. Que debemos darnos permisos para fallar, porque de lo contrario, cargaremos el resto de nuestra vida con esa culpa.

Por último, y no menos importante, volví a ‘ejercitar el músculo’ del perdón. En esta ocasión hacia mí, porque había sido la segunda protagonista de esta historia.

Ahora solo me toca esperar en Dios para comprender por qué pasó lo qué pasó, porque como todo, sé que tiene un motivo. Como dice la palabra “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.”

 No eres lo que logras, eres lo que superas. #PoderCorazon


Milagros de vida

La verdadera carrera de Lance Armstrong

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A los 25 años le detectaron cáncer testicular, con metástasis pulmonares y cerebrales; y le dieron un 40% de posibilidades de vida. Pero después de su quimioterapia, en 1996, el cáncer desapareció. ¡Un luchador! Éste no fue el único milagro, a pesar del cáncer de testículos y la quimio, ¡Armstrong tuvo cuatro hijos!


La bebé que nació dos veces

La bebé que nació dos veces

Macie “Hope” Mc Cartney estaba en la barrigade su madre, cuando le detectaron un tumor no
canceroso, pero que crecía “robándole” sangre al cuerpo de la bebé. Llevaba 6 meses de gestación cuando la operaron, sacándola casi por completo el útero. Los médicos del Texas Children´s Hospital vieron nacer, diez semanas más tarde, a Macie por cesárea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


#LaCinematecaDeLore

Una historia que nos llena de vida

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“Miracles from heaven” narra el caso real de una chica de 12 años que sufre de un raro y grave trastorno digestivo. Cuenta que tuvo una experiencia cercana a la muerte y de repente, milagrosamente, se cura tras sobrevivir de un terrible accidente. Ahí vi puesto en práctica “la fe que mueve montañas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

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