El Diario de Lorenna ¿Tú tuviste amores con ese muchacho?

Por Lorenna Piere

Querido diario:

Esa es la típica pregunta cuando ven a un ex que entienden no pega contigo. Nos ha pasado a todos, más de una vez. Es más, a veces uno mismo se sorprende cuando ve a ese “alguien” y se hace la pregunta a si mismo. Y clausura con “¡¿y qué fue lo que me pasó?!

¿Que qué me pasó? ¡Nada! Que en ese momento, esa persona era la que completaba mis necesidades. Porque, sin darnos cuenta, buscamos en nuestras parejas eso que nos faltó de nuestros progenitores. Esa es una verdad absoluta.

Mientras vamos sanando heridas, vamos cambiando de tipos de relaciones. Es un proceso de crecimiento muy interesante. Por eso podemos tener duplas tan distintas unas de otras.

Quise continuar profundizando; fue cuando me di cuenta de que la que cambiaba en cada escenario era yo. Lo que pasa es que una de mis necesidades era la aprobación. Tenía en mi cabeza el concepto errado de que “había que neutralizarse” para poder hacer que un noviazgo funcionara. Como puse en un post en Instagram “una cosa es ceder y otra es cederse”.

Sin darnos cuenta nos anulamos, porque nuestro miedo a perder a ese ser querido es mayor que el temor a perdernos. Y digo ser querido porque no sólo pasa con las parejas, pasa con todas las relaciones. ¡Todas! Comenzamos a complacer y complacer, entrando en ese círculo peligroso… ese que nos lleva a confundir nuestra esencia.

Hacemos de sus gustos, nuestros gustos. De sus creencias, las nuestras. De su manera de hablar, nuestra. Y así sucesivamente. Hasta llegar al punto de Julia Roberts en “Run away bride”, de ni siquiera saber cómo nos gustan los huevos. ¡Algo tan sencillo! Todo por cederse, por anularse.

Pasa poco a poco, sin darnos cuenta, hasta adaptarnos. ¿Lo peor? Es que lo hacemos movidos por ese miedo a no ser queridos o ser remplazados.

Con esto no quiero decir que debemos entrar a una relación con el lema “soy así y punto”. Por supuesto que hay puntos a negociar, lo único es que eso se debe hacer desde el amor, no desde la falta de amor.

Como todo, lo importante es identificar el problema para poder trabajar en la solución. Saber cuáles son esas carencias, llenar esos espacios concientemente y así poder sostener relaciones cada vez más saludables.

De lo contrario, cargaremos con ese vacío, ese “no sé qué” que nos hace sentir frustrados y molestos, tristes y pesados. Porque para obtener eso que requerimos estamos sacrificando demasiado. Estamos dejando a un lado quiénes somos, y eso nos quita la libertad.

Esa libertad que te da amarte, comprenderte, aceptarte y permitir al mundo que te vea realmente por lo que eres. No más ni menos, tú en tu 100%. Esa libertad que consigues cuando comprendes que “quien quiere estar, está”, así de simple.

Esa que logras cuando captas que Dios tiene el control de todo, y que sí… en “Él” tienes ese amor incondicional. Te hizo así con un propósito. Así que, aprende de cada experiencia dejando lo dejado atrás, para que puedas salir de ella siendo “un mejor yo”. Y punto.

Debes negociar desde el amor, no desde la falta de amor. #PoderCorazon

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