El diario de Lorenna: ¡El mundo digital está lastimando el mundo real!

Por Lorenna Pierre

Querido diario:

“Usemos las redes para construir, no para destruir”, escribí en Instagram. Todos sabemos que las mismas se han convertido en el espacio perfecto para muchos lanzar mensajes que restan en todos los sentidos. Como digo siempre “estas herramientas digitales han llegado a mostrar la realidad de los corazones de los seres humanos”.

Pero estoy muy preocupada. En estos días he leído y visto tantas cosas que me han dejado sin habla, una y otra vez. Ya no solo se trata de descargar nuestras frustraciones, transformándolas en insultos. Me ha impactado la manera tan poco empàtica en la que abordamos las situaciones.

Creo en la libertad de expresión. Todos estamos en nuestro derecho de tener un punto de vista diverso; lo que me decepciona es como somos tan ligeros a la hora de publicar. Como nos hemos deshumanizado, hasta tan nivel de no pensar en cómo afectará ese comentario, foto o video, a quien lo recibe.

Lo hacemos con intenciones lejanas a sumar o realizar críticas constructivas… Y me pregunto: ¿qué puede haber en ese corazón? Lo peor es que usamos como excusa que “se lo merecen” o simplemente, no tienen ninguna.

Nos está faltando ponernos en el lugar de los demás. Estamos siendo movidos por rabia, por nuestras inconformidades. Nos molesta que otros crezcan o nos alegra que caigan. ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Qué nos está pasando?
Y hablo de los redes o medios de comunicación digitales porque es donde se hace más obvio. Pero en los grupos WhatsApp se da lo mismo, solo que se disfraza de “interés o deseos de informar”. Lo perdonamos porque estamos “en confianza”, usando esto como el permiso para ser insensibles y duros con los demás.

Querido diario, para que veas lo importante que es la empatía y la sensibilidad, sé que los que se expresan de esa manera suelen ser personas que seguro han sido víctimas de sus padres y la dureza de esos corazones. Hay que entenderlos. ¿Y excusarlos? Ahí es donde no estoy de acuerdo.

Cuando eres adulto, pasas a ser responsable de ti. Tienes el poder de crecer y transformar esas conductas aprendidas. ¡Ya no hay excusas!

Entiendo que lo que no está pasando es que no estamos poniendo en práctica el agradecimiento. Enfocados en lo que nos falta, en lo malo… caemos en ese círculo vicioso muy peligroso. Nos convertimos en personas llenas de resentimientos.

¿Què tal si paramos? ¿Sí contagiamos lo bueno? ¿Què tal si dejamos de quejarnos por aquello que tiene solución? Que ese es otro punto que me tiene preocupada, pero mejor lo dejamos para otras pàginas.

¿Què tal si vivimos la vida? ¿Sí lo hacemos buscando el bien en todo momento? Es nuestra decisión. Ya yo tomé la mia.

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